Un tétrico destrozapulgares

‘Bloodborne’ da miedo en todos los sentidos. Su tétrica ambientación unida a la escalofriante banda sonora harán pasar unos deliciosos malos ratos. Pero para disfrutar ‘Bloodborne’ hay que ser un habilidoso ‘jugón’ capaz de aprender de los errores y de entrenar hasta despellejarse los pulgares.

El jugador debe de estar dispuesto a morir una y mil veces y ha repetir una y otra vez el mismo camino con los mismos enemigos. Aprender cuándo atacar y cuándo esquivar, el instante preciso de contraatacar para recuperar vida o cuál es el momento exacto en el que conviene retirarse para aplicarse una reconstituyente inyección de sangre. El protagonista es un ser solitario con una afilada arma blanca en una mano y un pistola en la contraria, recorre un gigantesco mundo cargado de detalles en el que no encontrará aliado, sino un enemigo detrás de cada esquina.

‘Bloodborne’ es un juego muy largo y muy difícil, complicado hasta extremos desesperantes. Cuando morir se vuelve en costumbre, que revivir cueste aproximadamente un minuto causa bastante desesperación. Los tiempos de carga son el principal fallo de este título que carece también de un buen guión. Los sustos, que los hay, producen más cabreo que terror, ya que suelen terminar con una frase que se convertirá en costumbre: «Has muerto».

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