Análisis del Galaxy S10 Plus, el Aleph de Samsung

Lo tiene todo: la mejor pantalla, cinco lentes, una gran batería y una fluidez extrema. Además se puede transformar en unas gafas de Realidad Virtual y un PC. Pero la perfección tiene un precio: más de 1.000 €.

Según Borges, el Aleph era pequeño punto en el que se concentraba todo el universo, un lugar en el que confluían pasado, presente y futuro. Y eso mismo es lo que representa el agujero de la pantalla del S10 Plus de Samsung, un futurista y muy bonito teléfono que bebe de la tradición de sus antecesores, heredando muchas de sus características, y pone en nuestras manos –en el presente– lo que la compañía cree que será el futuro de la telefonía móvil.

En la mano, el S10 Plus no pesa, al menos, no todo lo que debería pesar un teléfono de 6,4 pulgadas construido enteramente de cristal y aluminio. Son 170 gramos de belleza que se traducen en 170 gramos fragilidad. Ir con el en la mano sin una funda es una temeridad, pero estropear su diseño con una carcasa abultada parece también un pecado.

El único reproche en diseño que le podemos hacer, más allá de su delicadeza, es que el botón de desbloqueo está en una posición algo elevada, tal vez para diferenciarlo del botón Bixby, del que hablaremos más adelante.

La mejor pantalla móvil

Pero, por encima de su aspecto, lo que destaca es su pantalla. Un panel Amoled QHD (aunque para ahorrar batería, la propia Samsung recomiendo dejarla en formato Full HD+) de 6,4 pulgadas. Se trata de  un frontal extremadamente brillante (12.000 nits), que se ve estupendamente a plena luz del día y cuyo agujero en la parte superior derecha –para albergar las cámaras– le da un aspecto futurista asimétrico.

La pantalla cuenta también con HDR+ y, aunque todavía no hay mucho contenido en este formato, el propio móvil es capaz de grabar vídeos con esta tecnología.

​Al contar con una pantalla de 16:9, a la hora de ver vídeos de YouTube, el usuario deberá elegir entre visualizarlos con un par de franjas negras a los lados, o ampliarlos perdiendo algo de información y con el agujero de las cámaras en una de las esquinas. Lo cierto es que el ojo se adapta rápidamente al agujero y en nuestras pruebas a penas nos ha molestado.

Bajo la pantalla está el nuevo lector de huellas ultrasónico. Funciona bien, pero no tanto como uno tradicional. A veces no reconoce la huella a la primera y el desbloqueo no es instantáneo. Sus capacidades ultrasónicas, le permiten leer las huellas incluso con las manos húmedas.

Lo que sí que funciona mucho mejor que aquel lector de iris de la generación anterior es el desbloqueo facial, sin importar si el usuario lleva gafas o no, e incluso en situaciones de poca luz. Eso sí, este modo de seguridad se puede engañar con una simple foto.


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