El regreso de los sigilosos y letales asesinos deshonrados

‘Dishonored 2’ es uno y muchos juegos al mismo tiempo. Desde el comienzo hay que tomar decisiones. El jugador deberá escoger entre encarnar a la destronada emperatriz Emily Kaldwin o a su letal y sigiloso protector Corvo Attano.

A partir de ese momento, podremos elegir entre ser un sigiloso asesino o un despiadado carnicero; emprender una vertiginosa carrera hacia nuestro objetivo o deleitarnos descubriendo cada rincón de la ciudad de Karnaca; dejar un reguero de sangre y víctimas o minimizar las bajas y pasar desapercibido.

Con una espada en la mano derecha, la zurda queda libre para empuñar una letal pistola, una sigilosa ballesta o una de las múltiples runas, que permitirán a nuestro personaje ejecutar un poderoso hechizo. La magia, tan oscura como efectiva, faculta a los protagonistas de ‘Dishonored’ para acabar con múltiples enemigos en un abrir y cerrar de ojos: teletransporte, control del tiempo, telequinesis o posesión, son solo algunos ejemplos.

El apartado gráfico tiene un cuidado sentido artístico, en una obra que huye del fotorealismo, pero en la que se cuida cada detalle, dejando volar la imaginación para recrear las calles de una lúgubre o una soleada ciudad o dibujar las gigantescas y monstruosas bestias que pueblan este universo.

La historia está narrada por sus protagonistas con un excepcional doblajeal castellano. El juego tiene un gran argumento, susurrado en conversaciones que oiremos a escondidas y en las charlas que mantendremos con sus personajes. Pero también está escrita en las docenas de cartas y libros abandonados en cada rincón.

Por su cuidado diseño y, sobretodo, por las mil y una formas de abrirse camino en una aventura dibujada por un gran guión, ‘Dishonored 2’ es un firme candidato a juego del año.

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